Crisis, paro, recesión, brotes verdes, recortes. Todas estas palabras están a la orden del día, nos desayunamos, comemos, cenamos e incluso algunos sueñan con la maldita crisis. Los más afortunados tenemos trabajo y cada día damos gracias de tenerlo y los menos afortunados, en paro y con recibos que pagar se buscan la vida todos los días para intentar cambiar su situación.

A estos últimos pertenece Roberto, un publicista en paro, que tiempo atrás tuvo mucho éxito al ser el autor de un famoso slogan: “La chispa de la vida” para un anuncio de CocaCola. Pero este golpe de suerte no le ha servido de mucho, no así a su antigua empresa, que ahora es una multinacional publicitaria de éxito, a la que va a pedir trabajo sin mucha suerte.

Abatido, intenta recordar tiempos mejores y va en busca del hotel dónde pasó su luna de miel, pero se encuentra en su lugar con un museo, y allí sufre un accidente: una barra de hierro se le clava en la cabeza y lo deja inmovilizado. Viendo la expectación que genera en todas las cadenas de televisión, intenta sacar provecho de la situación.

Con mucho humor negro, a mi me resultó interesante comprobar la miseria del género humano. Unos más interesados en la política y en su imagen personal (el alcalde) que cambia de opinión según sopla el viento. Otros, preocupados de un puñado de piedras que son “patrimonio de la humanidad” (la directora del museo), el buitre del representante tratando de sacar tajada de todo el asunto aún a costa de la vida de su representado.

No se aleja mucho de la vida real, en dónde nos preocupamos más de la audiencia televisiva y los beneficios que podamos obtener, y damos de lado a lo realmente importante, la vida de una persona.

Alex de la Iglesia es un director que raramente deja indiferente a nadie, y esta vez a mi me ha gustado bastante la película y sobre todo la historia. La interpretación de un José Mota al principio me chirría un poco y esperas que suelte alguna de sus muletillas televisivas (¡Sus voy a crujir!, ¡Hoy no, MAÑANA!, etc) pero poco a poco te olvidas de sus personajes y te centras en su interpretación.

En definitiva, si quieres ir al cine, pasar un buen rato, pero con una película que te haga reflexionar, es una buena opción. Para mi un 6,5 sobre 10.