en todo el meollo

Pues ya estoy aquí de vuelta, supongo que me habrás echado de menos, ¿Verdad? Yo sí, he intentado actualizar el blog como dije que haría, pero tú sabes como son estas cosas, que si hoy no tengo Wifi, que si ahora estoy muy cansado, que si ya lo haré mañana, así que al final nada de nada, más de dos semanas el blog sin actualizar. Creo que es la vez que más tiempo a pasado desde que lo abrí, y espero que no tenga que volver a pasar.

¿Qué tal te lo has pasado? Pregunta obligada hoy en el trabajo, y yo la verdad hoy precisamente no estaba para nada, el jetlag dicen, pero sinceramente después de mi accidentada vuelta y de más de 24 horas sin dormir (¡Con lo que a mi me gusta dormir!) hoy estaba que no me podía mantener concentrado en el trabajo.

Pero empecemos por el principio. El sábado de hace dos semanas me plantaba yo en el aeropuerto de Pamplona con mi maleta hecha, algo nervioso y con muchas ganas de conocer la ciudad más maravillosa de la tierra. El viaje bien, sin contratiempos pero se me hizo un poco largo. Al llegar, primer problema en inmigración. Me toca un policía de los de allí, de los que vemos tantas veces en las películas, sin saber una palabra en castellano. Me pide el pasaporte, mira la pantalla, mira el pasaporte, vuelve a mirar la pantalla y me dice:

  • ¿Me puede dar la ESTA? Se la muestro
  • Me dice: Aquí hay un error. Pienso; vale macho, cagada.
  • No ha puesto usted bien el número del pasaporte, y me muestra dónde figura ese número. Arriba, a la derecha. Yo lo había confundido “Pasaporte Nº” con “ID Nº”. Vale, ¿Y ahora que hago? Sólo me sale decir: I’m so sorry.
  • Me dice que a la próxima cambie el dato en el documento, si no me mandan de vuelta a casa, y lo acompaña con un gesto que todos habríamos entendido perfectamente.

Después de esto, toma de huellas digitales de las dos manos, foto y adelante. No se si me dijo Welcome to New York, pero yo quiero pensar que sí lo hizo. A continuación, voy a recoger la maleta y veo por el rabillo del ojo que se me acerca un perro, inocente de mi, sólo se me ocurre pensar que un perro en un aeropuerto tiene que pertenecer a un ciego, hago un amago de apartarme y el dueño lo manda detenerse y buscar. Ahora lo entiendo todo.

Había contratado a un chófer para que me llevase al hotel, que por un poco más que un taxi, al menos me aseguraba de ir hablando castellano con alguien, pero no estaba. Después de repasar todos los nombres en los carteles, decido llamarlo y me dice que en cinco minutos está conmigo.

Según voy montado en el coche, no tengo la sensación de estar en otro país, es sólo cuando después de un rato de viaje, al fondo, a lo lejos, entre la bruma de la contaminación y en Blanco&Negro, tal y como decía Woody Allen, se vislumbra la silueta del Empire State, y con el, los más de 4000 rascacielos. Es una sensación indescriptible.

¡Ahora sí que estoy en Manhattan! Entramos por el puente Queensboro, pasamos por encima de Roosevelt Island y comienzo a ver calles, avenidas y gente, mucha gente. Llego al hotel y nada más regitrarme, dejar la maleta, refrescarme un poco, cojo la cámara de fotos y enfilo hacia el Apple Store de la Quinta Avenida. Sigo como en una nube, mirando hacia todos lados para intentar no perderme nada y con un sentimiento como el de Paco Martínez Soria, en “La ciudad no es para mi”.

“Dominar” La ciudad es muy sencillo, está echa para caminar, yo tomé el metro muy poco (por cierto daba asco) y preferí caminar y caminar. Por mucho que yo quiera contar aquí, la sensación que uno tiene es indescriptible, es como de conocerlo todo, haberlo visto todo, un deja vu permanente si me permites la expresión.

¿Qué es lo que más me ha gustado? ¿Puede un padre escoger entre sus hijos cuál es al que más quiere? Pues esa es la respuesta, todo. Ahora, sí tengo muy claro lo que menos me ha gustado, la gente (me refiero a la cantidad, no a la calidad), el calor, la humedad, el aire acondicionado a 0 grados, el olor a fritanga barata de algunas esquinas y el haber ido sólo. No todo es perfecto en esta vida.

haciendo nuevas amigas

¿Pero no nos vas a contar qué es eso de la accidentada vuelta? Casi se me olvida. Lo primero, en verdad que el mundo es un pañuelo, pues según estoy esperando en el aeropuerto JFK, leo que GinaTonic está también ahí. Ya es coincidencia que encima, vaya a tomar el mismo avión que yo. No la encuentro, así que me dirijo a la puerta de embarque por que habían dicho algo por megafonía que no entendí bien. Vuelo retrasado por la tormenta, me dan un vale para cenar en el aeropuerto y de entre todos los sitios para comer elijo precisamente el mismo que Gina.¡Qué casualidad! ¿Y tú que haces por aquí? Pues ya ves, de vacaciones, regresando a casa.

Vuelo suspendido. Tenemos que recoger las maletas que nos llevan a un hotel. Casi tres horas después de la salida prevista del avión, nos encontramos en un Holiday Inn de Long Island, cerca de un aeropuerto local y a más de una hora del JFK. Nos dan la habitación y ya nos avisarán de cuando salimos.

Al día siguiente, desayuno fuerte para coger fuerzas y quedamos a las 12 en el hall para irnos al aeropuerto. Se presentan menos autobuses a la vuelta que para la ida, nos quejamos ya que es matemáticamente imposible que entremos los mismos viajeros con las maletas en menos autobuses. Gina, su amigo Guillermo y yo preferimos no pelearnos por un sitio y esperar, tiene que venir otro autobus.

Y vino, 5 horas más tarde llegó el nuestro; mientras, matamos las horas jugando en mi iPad. Gina descubre la aplicación Pottery y se entretiene haciendo vasijas de barro virtual mientras yo me relajo sólo con verla. Por fin llega nuestro autobús, pero ahí no acaban nuestros problemas, que va. ¡El chófer no tiene ni puñetera idea de como se va al JFK!

Además conduce fatal, con contínuos frenazos, tanto que casi chocamos con un coche. Pero por fin, llegamos sanos y salvos con poco menos de una hora para que salga nuestro vuelo. Nos cuelan por la línea Business de British Airways, por el camino nos cambian la puerta de embarque, pero por fin, ya estamos sentados en nuestros asientos. Salimos exactamente 24 horas después del horario previsto.

Llego a Madrid, habiendo dormido poco o nada y me despido apresuradamente de Gina, que tiene que tomar otro vuelo a Barcelona (que más tarde se convirtió en un billete de AVE, pero eso mejor que lo cuente ella). Yo tengo que ir a información de Iberia ya que mi enlace con Pamplona lo he perdido. No queda nada hasta las 4 de la tarde y son las 10 de la mañana. Resignación.

Fotos hay, y muchas, más de 2000 que tengo que procesar, clasificar y subir, así que si tienes paciencia, ya sabes que en mi fotolog las irás encontrado todas. ¡No te las pierdas! Creo que me han salido medio bien.