Thor, hijo de Odin, es un engreído y maleducado guerrero de Asgard, al que su padre, harto de su insolencia y desobediencia, decide desterrar a la tierra.
Un amigo hace una semana me dijo acerca de esta película: “Parece realizada por Swarovski”. No entendí muy bien a qué se refería, pero ahora, después de haber salido del cine creo que entiendo muy bien que quería decir. Conozco a Thor de los cómics que leí de pequeño cuando formaba parte del grupo de Los Vengadores con La masa, Iron Man y otros. Por lo tanto, no conocía muy bien la historia de su origen pero sí al personaje y su inseparable Mjolnir.
Kenneth Branagh dirige una versión un tanto pueril del universo de Thor, pero lo hace de modo correcto, solo que echo en falta algo de sorpresa en los personajes y en la historia. Apenas hay emoción y sí mucha grandilocuencia en los decorados realizados a buen seguro por ordenador (añoro los años de las maquetas) y el vestuario de los personajes, muy recargado para mi gusto. Se les nota incómodos, agarrotados y sin embargo, no se quitan los trajes ni para comer.
En general toda la película me ha parecido bastante anodina y aburrida, el malo ni era malo ni era nada, una caricatura de lo que un buen malo debe ser. El propio actor que hacía de Thor, parecía una marioneta que no se creía el personaje, cosa que me encajó bastante después de leer que, antes de la película, no sabía ni quién era Thor. ¡Sacrilegio! En fin, no te gastes los cuartos y espera a que saquen el blu-ray o descárgatela de internet, lo que mejor te parezca, pero no creo que sea una película que merezca pagar por ir a verla.







