Esta semana pasada he estado en Madrid y ante el previsible aburrimiento decidí que la mejor manera de pasar el rato era yendo al cine, lo malo es que a veces resulta complicado seleccionar una buena película, aunque generalmente me conformo con que la elegida sea cuando menos entretenida.
La primera que vi fue Megamind, de Dreamworks Animation (los de Shrek). Megamind es un friki sin suerte, enviado por sus padres a la tierra poco antes de la destrucción de su planeta (genial parodia de Superman) su vida se cruza con Metro Man, presumido super héroe al que todo el mundo adora. Megamind acepta su rol de villano hasta tal punto que cuando consigue por fin eliminar a su eterno rival, se da cuenta que su vida ya no tiene sentido.
La película en general resulta entretenida, pero sinceramente, no dura más de la primera media hora, el resto es un cúmulo de secuencias previsibles y con unos gags más pensados para los adultos que para los niños. No es que sea una mala película pero tampoco se pierde uno mucho si no la ve.
Y para terminar de rizar el rizo, el día del estreno me fui a ver Balada triste de trompeta, la última película de Alex de la Iglesia. Javier es hijo y nieto de payasos y él quiere seguir la tradición, pero en este caso, por consejo de su padre, tiene que ser el payaso triste, el que tiene las cejas enormes y el “saxo” pequeño. Cumpliendo los deseos de su padre, se une a un circo, ahí se enamora de Natalia, la chica de la tela que es la novia de Sergio, el payaso tonto.
«¿Por qué quieres ser payaso? ¿Te da miedo la vida? ¿Lo eran tus padres? ¿O es que quieres humillarte? – ¿Y usted? – Yo lo soy porque si no fuera payaso sería un asesino».
Visualmente portentosa, me quedo con el comienzo de la película, cuando el padre de Javier, Santiago segura, es reclutado por unos milicianos republicanos y se lia (vestido aún de payaso, que acojona más) a machetazos contra los soldados nacionales. Luego ya la historia se vuelve un poco rara, y aunque sigue siendo visualmente muy atractiva (y recalco lo de visualmente) la historia entra en un sinsentido de violencia, quizá originado por el desquiciamiento de los dos payasos, uno borracho, misógino, machista y el otro aparentemente tranquilo pero con un pasado y una ira contenida que estalla en el peor momento.
Cuando acabó la proyección me quedé pensando que a esta película le faltaba algo, que no me termina de encajar todas las piezas, aún sigo sin saber muy bien el qué. Si la ves, quizá me entiendas.
Como ya he dicho antes, muchas veces uno se conforma con que la película que va a ver sea entretenida, por lo que si es eso lo que buscas, cualquiera de las dos te puede valer. Para mi se quedan en un 6 sobre 10 las dos.







