La “culpa” es del ingeniero alemán Friedhelm Hillebrand de la compañía Deutsche Telekom que en los 80 trabajaba en un sistema de envío de mensajes de texto para el proyecto GSM (sistema global para las comunicaciones móviles).

Después de redactar con su máquina de escribir varias frases e ideas que se le iba ocurriendo, comprobó que todas estas fases, contando con los espacios, le daban siempre 160 caracteres. Esta cantidad le pareció suficiente para transmitir mensajes con cierta coherencia, sobre todo teniendo en cuenta el poco ancho de banda de los dispositivos de la época.