Me parece que me puedo meter en un berenjenal al confesar públicamente mi afición por las películas de Paco Martínez Soria. Seguro que lees el titular de este post y piensas, este hombre ha perdido el buen gusto, se le ha ido la cabeza y ya no tiene criterio.

don paco

Pero sé, y cada vez más, que hay muchos, sobre todo de más o menos mi quinta, que también nos gustan sus películas. Es de todos bien sabido que cada vez que programan una en cine de barrio, se convierte en uno de los programa más vistos, y eso a pesar de que han repetido sus películas hasta la saciedad. Pasa un poco como con Los Simpsons, que a pesar de que habré visto sus capítulos repetidos ya ni sé las veces, no me cansan.

Pero la intención de este post es enumerar las razones de por qué a mi me gustan sus películas. En primer lugar, su personaje de cateto de pueblo (generalmente aragonés) entrañable y de buen corazón es el que más fama le ha dado, sobre todo con su interpretación en “La ciudad no es para mi”. A mi simplemente me encanta, es una de las películas que he visto más veces.

Luego que muchas de las películas son adaptaciones de obras de teatro que él mismo había interpretado, por lo que el personaje era como suyo, y te lo crees en pantalla. Hay que tener en cuenta la época en la que Don Paco hacía cine, en plena dictadura y ya encasillado en el personaje.

Por que hay que recordar que Don Paco nació en 1902, en Tarazona y hasta la guerra civil no se dedica a la interpretación. En el teatro es dónde da sus primeros pasos, incluso llega a fundar su propia compañía.

Y sobre todo, por ese gran sentido del humor que destilaba, por que si te paras a pensar lo que dice cuando ves alguna película suya, es que es para troncharse. Según escribo esto, estoy viendo una de sus películas, “El turismo es un gran invento” ¡Basilio, apunte apunte!

Ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito, y no hay por que avergonzarse de estas cosas.