
Había ayer gran expectación en las inmediaciones del teatro Kursall pues se presentaba en Donosti la película ganadora de la Palma de oro en el pasado festival de Cannes, La cinta blanca, del director alemán Michael Haneke.
A la organización se le ocurrió la feliz idea de hacer una proyección conjunta para la prensa y público. Cuando llegué al auditorio la cola era bastante larga que se incrementó a medida que iba llegando la hora del estreno. No tengo nada en contra de la organización, a mi me ha parecido un festival muy correcto y el trato de los empleados siempre ha sido cordial y amable para conmigo. Supongo que muchos de los críticos que están estos días por San Sebastián ya han visto la película con lo cual no habría demasiados problemas, pero sin embargo a mi no me pareció correcto, ya que a pesar de que auditorio del Kursaal es enorme, tiene una capacidad limitada y todos los acreditados que fuimos a verla, son entradas sin vender.
Y hablando de acreditados, me resultó tremendamente repulsivo el comportamiento de algunos de ellos en algunas proyecciones, pues no paraban de hablar, toser, e incluso silbar en medio de la proyección y algunos hasta marcharse de la sala. Que yo entiendo que si no te gusta lo que estás viendo lo hagas notar, pero para eso tienes un medio de comunicación, para expresarte libremente acerca de lo que te ha parecido cada película, pero los demás que estamos ahí y nos esté gustando o no, somos un poco más respetuosos y no nos comportamos como jóvenes con la edad del pavo. Y si no tienes un medio de comunicación al menos ten un poco de respeto por los demás.
En cuanto a la película, es dura, arriesgada y bastante áspera a mi modo de ver. La historia la cuenta el maestro de un pueblo alemán que en su vejez intenta hacer memoria de unos hechos ocurridos poco antes del comienzo de la primera guerra mundial. Unos hechos extraños que conmocionan a todo el pueblo y que poco a poco comienzan a tomar carácter de un castigo ritual.
En la película se refleja la semilla que posteriormente utilizó el fascismo para lograr personas comprometidas y sobre todo obedientes. Está rodada en un magnífico blanco y negro, que en palabras del director se justifica: “Todas las imágenes que nos han llegado de finales del XIX y de principios del XX son en blanco y negro.”
A mi sobre todo me conmueve y me asusta la presencia de los niños del pueblo.Obedientes, abnegados y con un halo terrorífico que atemoriza. Y la educación de sus padres, sobre todo el predicador del pueblo que no duda en utilizar la violencia física y psíquica para humillar a sus hijos.
Como ejemplo valga un diálogo de la película que explica a su vez el título de la misma:
- De pequeños, vuestra madre a veces os ataba una cinta al brazo o en el pelo. El color blanco debía recordaros, después de cometer una falta, la inocencia y la pureza. Yo creía que a vuestra edad, la virtud y la rectitud habrían llenado vuestros corazones, lo suficiente para dispensaros de estos recordatorios. Pero estaba equivocado. Mañana, después de que os purifiquéis mediante el castigo, vuestra madre os atará una cinta blanca que llevaréis hasta que vuestro comportamiento nos permita volver a confiar en vosotros.
Lo que no me gustó tanto fue el final, ya que creo que deja asuntos sin resolver y muchas dudas, algo que en una buena película no debería suceder.






