El otro día estuvimos en el Pueblo de Belagua, Tulebras, donde cada año el ayuntamiento en colaboración con la asociación de mujeres del valle del Queiles organizan unas jornadas de teatro y comedias en cada uno de los pueblos pertenecientes al valle.

El tema de este año era la evolución de la mujer, pasado y presente. Se representaban dos situaciones típicas en un hogar medio, en donde la mujer era protagonista y mostraban las diferencias que había hace ya unos cuantos años y hoy día.

La verdad es que la situación escogida en la época actual estaba demasiado exagerada a mi modo de ver, pero resultaba divertido. Lo que ya no lo estaba tanto era cuando contaban el estado de la mujer de mediados del XIX y principios del siglo pasado, y lo que mas me chocó fueron estas Reglas de urbanidad para señoritas. Cito textualmente:

Lo que debe hacer toda joven al levantarse es encomendarse a dios. Levantarse de la cama con la mayor modestia y dar los buenos días a sus padres o directores. Una joven debe permanecer en la cama sólo el tiempo suficiente para que descanse el cuerpo, pues, de lo contrario, se entorpecen los sentidos.

Todas las mañanas después de haberse puestos los vestidos indispensables para presentarse con decencia, se debe peinar, cepillarse la cabeza, lavarse las manos y cortarse las uñas. Enseguida se lava la cara, el cuello y las orejas con agua no calentada por rigurosa que sea la estación. Los pies deben lavarse lo menos una vez a la semana, sobre todo durante la estación del verano. También conviene, tanto para la salud como para la limpieza del cuerpo, darse algunos baños, ya sea de enteros y a medios.

Una señorita cuando está sentada, debe tomar la postura más modesta y menos incómoda para los que se tenga a los lados. No sentarse de costado ni pasar los brazos por el respaldo de la silla. No poner el codo sobre la mesa para apoyar la cabeza ni recostarse en la silla balanceándose hacia atrás o hacia adelante. No cruzar las piernas ni los pies, ni tener demasiado juntas ni apartadas las rodillas. No poner los pies en los barrotes de las sillas. Se debe evitar todo lo que pueda disgustar a los demás.

En fin, cosas del siglo XIX. ;)