Y es que el nuevo Windows 7 del que tanto estamos oyendo hablar estos días no es una versión del denostado Windows Vista, sino que es algo totalmente nuevo aunque comparta cierta similitud con el anterior sistema operativo que tantos y tantos quebraderos de cabeza ha dado.

Después de realizar la descarga de la beta de Windows me decidí a probarla en el portátil y lo primero que me gustó es que no tarda demasiado tiempo en instalarse, una media hora o así, sin apenas necesidad de tener que hacer nada.

Carga y se apaga mucho más rápido, eso se nota. A mi el anterior me desesperaba. El entorno gráfico es muy parecido a Vista, lo cual no me disgusta porque era lo único que se salvaba.

Ahora tenemos una nueva barra de tareas, la que se ha denominado superbarra, que engloba las ventanas abiertas en forma de iconos y a su vez los programas de acceso rápido. Sólo hay que pasar el ratón por encima de cualquiera de ellos para ver una miniatura de la ventana, viene bien si tenemos muchas ventanas abiertas, para localizar lo que queremos.

Ya no nos pregunta a cada momento si estamos seguros de querer instalar tal o cual cosa, menos mal. Si te lo estás pensando, te aconsejo que lo pruebes, sobre todo si tienes un portátil, a mi me cogió todos los drivers a la primera, además que dicen que tiene un muy buen gestor de la batería, no tuve tiempo de comprobarlo.

¿Y ahora qué? He leído por ahí que Microsoft se debería plantear ofrecer Windows 7 como una actualización gratuita de Vista, y la verdad es que no me parece para nada una mala idea, ya que todos los que se han comprado un ordenador en el último año, los más probable es que hayan tenido que sufrir (además de pagar) un sistema operativo que no servía para mucho.

Más adelante intentaré contar alguna cosa más de este nuevo Windows.