Pues sí amiguitos, hoy he sufrido. Me he quedado encerrado en un baño.

Puede parecer una tontería, pero muchas veces he pensado, cuando he entrado en un servicio ¿Y si la puerta no se abre? ¿Y si me quedo encerrado? Siempre que voy al servicio ya sea para mear o cagar (las cosas por su nombre), uso la taza. Los urinarios de pared no me gustan nada, poca intimidad.

Y otra cosa que suele ocurrir siempre, es que cuando estoy trabajando, lo primero que hago es dejar el móvil encima de la mesa y cuando me ausento no lo cojo, pero claro, ahora con la BlackBerry que puedes chatear, ver los correos o mirar Internet ¿Quién necesita un periódico? Y eso ha sido lo que me ha salvado, porque en cuanto he entrado y he cerrado la puerta, me he dado cuenta de que no había pomo al otro lado, y además se ha dado la circunstancia de que en el sitio están de obras y la puerta se quedaba encajada, vamos que ni pa’lante ni pa’tras.

Menos mal que hoy estaba acompañado en el trabajo y mi compañero me ha rescatado, no sin antes oir unas cuantas risas de fondo. ¡Pandilla de mamones!

Actualización: El mamón del Quatermain ha realizado su propia versión de los hechos.