Ayer cometí el terrible error de comenzar a ver el nuevo programa de Cuatro, Granjero busca esposa. Y digo que cometí el terrible error porque este programa no sirve ni como entretenimiento.

No soy mucho de reality, pues me parecen un insulto a la inteligencia del ser humano pero ayer no había nada mejor para ver (al menos para mi) y decidí quedarme un rato a ver de que iba el asunto.

Duré poco más de media hora, fue más que suficiente , después de toda la vergüenza ajena que pasé en un momento. ¿Por qué estos programas son todos calcados? ¿Por qué marean tanto al espectador con presentaciones y más presentaciones y no van directos al grano? La presentadora del programa, Luján, explicó no se ni cuantas veces que “sólo se elegirán a cinco mujeres, para el resto habrá sido el final del camino”. Vale, bien, correcto… pero ¿Es que el guionista del programa no sabe que contarnos para alargar la presentación?


Segundo momento vergüenza ajena, cuando tienen que hacer la elección de las candidatas. Por si no lo he contado hasta ahora, el pseudo concurso (aparte de la chica no se si habrá algún premio) consiste en que 6 granjeros (quién dice granjero, dice agricultor) elijen a 10 chicas que le gusten entre unas cuantas candidatas que les han mandado una carta, que potito.

Pues como iba diciendo, el momento elección de finalistas me resultó patético. Hubo un concursante, un tal Tito, el que menos me gustó de todos que directamente le dijo a su madre que le seleccionase las candidatas. ¡Con dos narices! Entonces ¿Quién concursa, tú o tu madre? En general, menos al pastor Catalán que lo hizo sólo, los demás iban seleccionando a las candidatas con un\a amigo\a o directamente con sus padres, patético. Encima los “granjeros” se permitían el lujo de criticar a las chicas delante de las cámaras, repugnante.

Y ya por fin, después de tanto marear la perdiz, llega el momento de eliminar a cinco de las diez candidatas por granjero. Para ello nada mejor que una cita de 5 minutos donde para mi llegó el tercer momento vergonzoso de la noche, te lo puedes imaginar. Belagua no hacía más que comentar que alguna de las tías, o todas debía de estar pagada, y bien mirado no me extrañaría nada.

Total, que no pude soportarlo más, era una tortura insoportable para mi y decidí irme a la cama.