Como os contaba el otro día, en mi casa siempre han sido muy dados a contar pequeños cuentos e historias sucedidas en el pueblo. Si hace poco mencioné a mi abuela, hoy quiero hablar de mi padre.

Mi padre es el típico que se sabe mil historias de su pueblo y que siempre encuentra relacionada o que viene a cuento con la ocasión. Algunas son reales, quizás un poco exageradas al ir pasando de unos a otros y prolongarse en el tiempo… pero otras son realmente inverosímiles

Por eso cuando te las cuentas… y ves que se queda todo serio, dudas de si es verdad, o si te están metiendo la bola del siglo… te quedas perplejo, y dices “¿Es broma, no?, ¿Es mentira?” y entonces es cuando mi padre te dice todos serio: “Pues creételo si quieres… pero aún vive quien lo cuenta“.

Yo cuando era pequeña, y me decía eso… imaginaba que había alguien que había vivido esa historia o había sido testigo de ello, que todavía seguía con vida y daba fe de su veracidad, así que tras esas palabras, me creía a pies juntillas lo que me contaba mi padre y no había más que hablar.

Sin embargo al irme haciéndo mayor, me fuí dando cuenta… “Aun vive quien lo cuenta, aún vive quien lo cuenta”… ¡Pero si el que lo cuenta es mi padre!

Y desde entonces he adoptado la expresión… y la utilizo alguno vez al final de mis historias… así que si la oyes… ¡ya estás avisado!