En esta última parte de la visita a Granada me voy a centrar exclusivamente en su monumento más importante, la Alhambra y el Generalife.
La Alhambra es una ciudad palaciega residencia de los sultanes nazaríes que fue construida entre los siglos XIII y XIV. Su nombre viene del árabe qa’lat al-Hamra’, que significa Castillo rojo, debido al característico color rojizo de sus muros, sobre todo al atardecer.

Para visitar este recinto, te recomiendo que compres tu entrada anticipadamente, pues es el monumento más visitado de España y la entrada al mismo está limitada en cuanto a la cantidad de personas por día. Además, la visita a los Palacios Nazaríes está regulado por hora de entrada que figurará en tu billete de acceso, y es recomendable que no llegues tarde ya que te puedo asegurar que no te dejarán entrar. Hay un número limitado de entradas que se ponen a la venta en las taquillas del recinto, pero con las largas colas se suelen acabar muy temprano. Puedes adquirir tu billete tanto para la mañana, la tarde o para la visita nocturna.
Para comenzar te puedes dirigir a la Alhambra dando un paseo por la Cuesta de Gomérez, que sale desde la Plaza Nueva, pasar por los Arcos de las Granadas y llegar hasta la Puerta de la Justicia. Una vez en el interior puedes comenzar la visita por la Alcazaba pasando por la Puerta de los Vinos. Este recinto viene a ser la fortaleza militar, y contiene la Torre del Homenaje, La torre Quebrada y la Torre de la Vela, con su campanario. Dicen que la Alhambra tiene forma de barco y que la Alcazaba sería su proa.
A continuación podemos encaminar nuestros pasos hacia el Palacio de Carlos V, siempre y cuando no nos coincida la hora de la visita a los Palacios Nazaríes. Este palacio data del siglo XVI y destaca por su planta cuadrada y su gran patio redondo en el interior. Allí podemos ver el museo de la Alhambra y un museo de arte.

Ya con nuestra hora a punto de llegar, nos encaminamos a los Palacios Nazaríes. Hay que tener paciencia con la cola que suele haber, ya que se juntan las visitas guiadas con las libres. Una vez en el interior, nos podemos deleitar con la belleza absoluta. Al principio estaremos en una sala llamada Mexuar, donde se impartía justicia por parte del sultán, que en una cámara elevada se sentaba sin ser visto.
A continuación pasamos al Patio del cuarto Dorado, nexo entre el anterior y el Palacio de Comares, residencia oficial del monarca, del que destaca su Patio de los Arrayanes, el Salón de Embajadores y la Torre de Comares.
De ahí podemos acceder al Palacio de los Leones, sin duda el lugar más bello y conocido de todos, con su fuente de los leones en el centro del patio (actualmente en restauración). Se trata de una zona rectangular compuesta de 124 columnas que dan acceso a varias estancias, entre ellas el Harén y la sala de los Abencerrajes, donde cuenta la leyenda que el sultán Boabdil, mandó degollar a los principales miembros de los Abencerrajes, ya que a uno de ellos lo habían pillado flirteando con una de las mujeres del sultán. Las manchas que quedaron en la fuente central, son las manchas de sangre de tan tremenda masacre.

En uno de los lados del palacio se sitúa la Sala de Dos Hermanas, llamada así por las dos grandes losas gemelas de mármol que se hayan en el piso.
De ahí, pasando por la Sala de los Ajimeces, accedemos al Mirador de Daraxa, bella estancia donde podemos encontrar un poema escrito en las jambas de la ventana que da al Patio de Daraxa, cerrado por las Habitaciones de Carlos V.
Estas habitaciones, elevadas sobre los jardines, podemos observar que cambia totalmente la decoración, rica en formas y dibujos para pasar a paredes lisas. Se construyó para alojar al rey mientras acababan su palacio, pero nunca llegó a habitarlas. Aunque sí pasó una temporada el escritor Estadounidense Washington Irving, autor de los celebres Cuentos de la Alhambra.
A la salida de los Palacios Nazaríes podemos continuar nuestro recorrido por el Paseo de las Torres que nos encaminan al Generalife, lugar utilizado por los reyes musulmanes como lugar de descanso y del que destacan sus jardines, sus fuentes y su escalera del agua.

A la vuelta a la Alhambra, nos quedaría por visitar el Convento de San Francisco, actualmente un parador nacional, y la zona del Secano, que se encuentran múltiples ruinas de edificios árabes.
Espero no haber aburrido a nadie con estas explicaciones y me sentiría muy honrado si a alguien le sirve para conocer un poco más de esta bella ciudad.




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