Me gustaría compartir una serie de relatos extraídos de La venta de Millás, una sección dentro del programa La ventana, en la cadena Ser, que dirige Gemma Nierga.
Son una serie de relatos cortos escrito por los oyentes del programa, con la única condición de que sean verdaderos.
Espero que os guste y querría conocer vuestra opinión.
Mi hijo es una persona con discapacidad intelectual y con una capacidad deslumbrante de razonamiento lógico.
Ha conocido a un cura que, entre otras cosas, le ha preguntado: ¿Tú, cuando seas mayor, querrás ayudarme a decir misa?
No, le ha contestado cargado de razón, cuando sea mayor no, ahora.
Y con mucho cuidado y vocalizando mucho le ha repetido varias veces: mi-sa, mi-sa, mi-sa.
Estaba sentada acabando mi cerveza. Delante de mí una pareja reía mientras él pagaba la cuenta. Recoge el cambio y deja unas monedas. Ella se levanta riendo y sale antes que él; Antes de abandonar la mesa, él la mira, se da la vuelta, y recoge las monedas del platillo.
Estábamos comprando una mesa para el comedor de nuestra nueva casa. Entre mueble y mueble, levanté la vista y en un espejo vi a mi madre.
El otro día volví a hablar con mi madre de eso de que me gusten las mujeres. Después de un rato charlando me preguntó: “¿Tú por qué crees que nos hemos tomado tan bien lo tuyo?”. Le dije que no sabía, que porque son de izquierdas y normales. Ella me dijo: “Ya”. No recuerdo el resto de la conversación. Y le sigo dando vueltas.
Es sábado. Son las ocho de la mañana. Mi hija se despierta y viene a nuestra cama. Dice: “tengo pipi”. Me hago el dormido para que mi mujer la acompañe al lavabo. Mi mujer también finge dormir. Me levanto y la acompaño. Tengo que ensayar más, siempre me levanto yo.
El martes mi hija de 11 años tuvo su audición de piano. Tocaba a Bach bárbaramente cuando su dedo tocó tecla indebida y…se bloqueó. Intento uno, intento dos, intento tres. “Se va a levantar y abandona”, pensé. Pero, demostrando gran valentía, respiró y continuó.Cuando por fin se sentó en su puesto, lloró silenciosamente, sin que se notara. Yo lo pasé fatal.
Esta mañana me he visto encerrado en un atasco, contrariado por las prisas he hecho un gesto de rabia al volante y he lanzado un grito en silencio. Al mirar por el cristal de mi ventanilla, en el coche de al lado una preciosa mujer rubia de unos 45 años me miraba. Hemos mantenido la mirada el uno en el otro. Se me ha hecho eterna. Cuando los coches arrancaban de nuevo, ella me ha hecho un gesto de complicidad o de despedida. Ha sido mi mas corta relacción. Me he enamorado.




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